Los ensayos
Los ensayos De los dos monarcas más poderosos de aquel mundo, y acaso de éste, reyes de tantos reyes, los últimos que expulsaron, al de Perú lo capturaron en una batalla y le impusieron un rescate tan excesivo que supera lo creíble. El rescate fue lealmente pagado y él dio muestras con su trato de un ánimo libre, generoso y firme, y de un entendimiento claro y bien formado. Pero a los vencedores les vino en gana, tras haber conseguido un millón trescientos veinticinco mil quinientos en oro en peso, aparte de la plata y otras cosas que no ascendían a menos —a tal punto que sus caballos llevaban sólo herraduras de oro macizo—, ver aún, a costa de cualquier deslealtad, qué podía restar de los tesoros del rey,[57] c | y gozar libremente de lo que había atesorado. b | Le inventaron una falsa acusación y prueba: que planeaba sublevar sus provincias para recuperar la libertad. Con este motivo, según el buen juicio de los mismos que habían fabricado su traición, lo condenaron a la horca y a estrangulamiento público. Le hicieron redimir el tormento de ser quemado vivo mediante el bautismo que le administraron en pleno suplicio. Infortunio horrible e inaudito que afrontó, sin embargo, sin desmentirse ni con el gesto ni de palabra, con una forma y gravedad verdaderamente regias. Y después, para adormecer a los pueblos aturdidos y paralizados por un hecho tan extraordinario, se fabricó un gran duelo por su muerte y se ordenaron suntuosos funerales en su honor.[58]