Los ensayos
Los ensayos En otra ocasión, hicieron quemar de una sola vez, en la misma hoguera, a cuatrocientos sesenta hombres vivos —los cuatrocientos del pueblo común, los sesenta de los principales señores de una provincia—, simplemente prisioneros de guerra.[61] Ellos mismos nos proporcionan tales narraciones, pues no sólo las confiesan sino que se ufanan de ellas y las pregonan. ¿Será en prueba de su justicia o de su celo para con la religión? Ciertamente, son vÃas demasiado distintas y enemigas de un fin tan santo. Si se hubiesen propuesto extender nuestra fe, habrÃan pensado que no se amplÃa con la posesión de tierras sino con la posesión de hombres, y habrÃan tenido más que suficiente con las muertes que comporta la necesidad militar. No habrÃan añadido una carnicerÃa indiscriminada, como si se hiciera sobre animales salvajes, universal hasta el extremo que el hierro y el fuego han podido alcanzar, sin preservar, intencionadamente, sino a aquéllos de los que han querido hacer miserables esclavos para el trabajo y servicio de sus minas. De tal suerte que muchos de los jefes han sido condenados a muerte en los lugares de su conquista por orden de los reyes de Castilla, justamente ofendidos por el horror de sus comportamientos, y casi todos desacreditados y aborrecidos.[62] Dios ha permitido meritoriamente que esos grandes pillajes hayan sido absorbidos por el mar al transportarlos, o por las guerras intestinas con las que se han devorado entre ellos, y la mayor parte se enterraron en esos lugares mismos, sin fruto alguno de su victoria.[63]