Los ensayos
Los ensayos b | Además, para decirlo francamente, me parece que tiene mucho de amor propio y de presunción estimar las opiniones de uno hasta el extremo de que, para establecerlas, haya que trastornar la paz pública e introducir tantos males inevitables y una corrupción tan horrible de las costumbres como la que acarrean las guerras civiles y los cambios de Estado en asunto de tal importancia —e introducirlos en el propio paÃs—. c | ¿No es un mal cálculo introducir tantos vicios seguros y conocidos para oponerse a errores contestados y debatibles? ¿Hay peor especie de vicios que aquellos que chocan con la propia conciencia y con el conocimiento natural?
El Senado osó dar como respuesta, en el litigio que le enfrentaba al pueblo acerca del servicio de su religión, esta evasiva: «Ad deos id magis quam ad se pertinere, ipsos uisuros ne sacra sua polluantur»[77] [Que la cosa no era incumbencia suya, sino de los dioses, que ellos mismos impedirÃan la profanación de su culto], en conformidad con la respuesta que emitió el oráculo a los de Delfos durante la guerra médica. Temiendo la invasión de los persas, preguntaron al dios qué debÃan hacer con los tesoros sagrados del templo, si esconderlos o llevárselos. Les respondió que no movieran nada, que se preocuparan de sà mismos, que él se bastaba para atender a sus cosas.[78]