Los ensayos
Los ensayos Quien me legó la responsabilidad de mi casa, pronosticaba que iba a arruinarla, fijándose en mi carácter tan poco hogareño. Se equivocó; estoy como cuando empecé, si no un poco mejor. Pese a todo, sin oficio ni beneficio. Por lo demás, si la fortuna no me ha infligido ninguna herida violenta y extraordinaria, tampoco me ha otorgado gracia alguna. Todo cuanto en nuestra casa proviene de sus dones, está en ella desde hace más de cien años antes de mí. No poseo personalmente ningún bien sustancial y sólido que deba a su generosidad. Me ha concedido algunos favores vacuos, honoríficos y nominales, sin sustancia. Y además, en verdad, no me los ha acordado sino ofrecido. ¡Sabe Dios!, ¡a mí, que soy del todo material, que sólo me contento con la realidad, y aun bien masiva; y que, si osara confesarlo, no encontraría la avaricia mucho menos excusable que la ambición, ni el dolor menos digno de ser evitado que la vergüenza, ni la salud menos deseable que el saber, ni la riqueza que la nobleza!