Los ensayos
Los ensayos b | Quien sólo emplea su juicio y su destreza, procede con más alegrÃa: finge, cede, difiere las cosas a su gusto, según la necesidad de las ocasiones; falla su tentativa sin tormento ni aflicción, listo y entero para una nueva empresa; marcha siempre con el freno en la mano. En aquel que está ebrio de una intención violenta y tiránica, vemos necesariamente mucha imprudencia e injusticia. El Ãmpetu del deseo le arrastra. Se trata de movimientos temerarios y, si la fortuna no presta una gran ayuda, de poco fruto. La filosofÃa reclama que, al castigar las ofensas recibidas, apartemos la cólera.[30] No para que la venganza sea menor, sino, al contrario, para que esté mejor dirigida y sea más grave. Le parece que el Ãmpetu es un obstáculo para ello. c | La cólera no sólo turba, sino que de suyo cansa también los brazos de quienes aplican el castigo.[31] Este fuego aturde y consume su fuerza. b | Asà como en la precipitación festinatio tarda est[32] [la prisa nos retrasa], el apresuramiento se echa la zancadilla a sà mismo, se estorba y se frena. c | Ipsa se uelocitas implicat[33] [La propia velocidad se estorba a sà misma]. Por ejemplo, según veo por regla general, la avaricia no encuentra mayor estorbo que el de ella misma. Cuanto más tensa y recia es, menos provechosa resulta. De ordinario, atrapa más deprisa las riquezas cuando se enmascara con una imagen de generosidad.