Los ensayos
Los ensayos Quien no anda embelesado tras el favor de los príncipes como cosa sin la cual no podría arreglárselas, no se enoja mucho por la frialdad de su acogida, y de su semblante, ni por la inconstancia de su benevolencia. Quien no está encima de sus hijos o de sus honores con una inclinación esclava, no deja de vivir cómodamente cuando los pierde. Quien obra bien ante todo por su propia satisfacción, apenas se turba al ver que los hombres juzgan sus acciones en contra de su mérito. Un cuarto de onza de resistencia provee a tales inconvenientes. Este remedio me da buen resultado, rescatándome desde los inicios con el menor coste posible; y siento que, gracias a él, me he librado de mucho sufrimiento y dificultades. Con escasísimo esfuerzo freno el primer impulso de mis emociones, y abandono el objeto que empieza a pesarme, antes de que me arrastre. c | Quien no detiene el inicio, no se cuida de detener su progreso. Quien no sepa cerrarles la puerta, no las echará una vez dentro. Quien no pueda acabar con el comienzo, no acabará con el final.[78] Ni resistirá el desplome quien no haya podido resistir la sacudida. Etenim ipsae se impellunt ubi semel a ratione discessum est; ipsaque sibi imbecillitas indulget, in altumque provehitur imprudens, nec reperit locum consistendi[79] [En efecto, ellas mismas se impulsan cuando uno se ha apartado de la razón; y la propia debilidad es indulgente consigo y avanza, imprudente, hacia lo profundo, y no halla un lugar en el que detenerse]. b | Siento a tiempo los vientecillos que me vienen a tantear y a zumbar por dentro, precursores de la tormenta:[80]