Los ensayos
Los ensayos La mayoría de los acuerdos, en nuestras querellas actuales, son vergonzosos y embusteros. No pretendemos sino salvarlas apariencias, y, entretanto, traicionamos y repudiamos nuestras verdaderas intenciones. Disimulamos el hecho. Sabemos cómo lo hemos dicho, y en qué sentido, y quienes están presentes lo saben, y nuestros amigos, a quienes hemos querido hacer notar nuestra ventaja. Repudiamos nuestro pensamiento a costa de nuestra libertad, y del honor de nuestro ánimo, y buscamos escapatorias en la falsedad, para establecer acuerdos. Nos desmentimos a nosotros mismos para salvar el desmentido que hemos dado a otro. No hay que mirar si tu acción, o tu palabra, admite otra interpretación; a partir de ahora debes mantener tu interpretación verdadera y sincera, cueste lo que cueste. Hablan a tu virtud y a tu conciencia; no son partes que puedan enmascararse. Dejemos estos viles medios, y estos expedientes, para los pleitos de los tribunales. Las excusas y reparaciones que veo dar todos los días, para purgar la imprudencia, me parecen más torpes que la imprudencia misma. Sería mejor ofender de nuevo que ofenderse a sí mismo dando tal reparación al adversario. Le has desafiado, movido por la cólera, y vas a apaciguarlo y a halagarlo cuando tu juicio está frío y en su mejor estado. De este modo te sometes más de lo que te habías avanzado. Nada de lo que pueda decir un gentilhombre me parece tan vicioso como me parece vergonzoso que se desdiga forzado por la autoridad. En efecto, la obstinación es en él más excusable que la pusilanimidad.