Los ensayos
Los ensayos LOS COJOS
b | Hace dos o tres años recortaron el año en diez días en Francia.[1] ¡Cuántos cambios había de acarrear esta reforma! Fue, en rigor, trastornar el cielo y la tierra a la vez. No obstante, nada se mueve de su sitio; mis vecinos encuentran el momento de sus siembras y de su cosecha, la ocasión de sus quehaceres, los días desfavorables y propicios, exactamente a la misma hora en que los tenían asignado desde siempre. Ni se percibía el error en nuestra práctica, ni se percibe la corrección. Tanta incerteza hay en todo, tan burda, c | oscura y obtusa b | es nuestra percepción. Dicen que tal arreglo podía realizarse de una manera menos incómoda: sustrayendo durante algunos años, según el ejemplo de Augusto, el día del bisiesto,[2] que, en cualquier caso, es un día que molesta y confunde, hasta que hubiésemos llegado a saldar exactamente la deuda —cosa que ni siquiera se ha logrado mediante esta corrección, y todavía arrastramos los atrasos de unos cuantos días—.[3] Y además, por el mismo medio, podía proveerse para el futuro, ordenando que, tras la revolución de tal o cual número de años, ese día extraordinario fuera siempre eclipsado, de suerte que nuestro error de cálculo no pudiera, en adelante, exceder las veinticuatro horas.