Los ensayos
Los ensayos Ahora mismo estaba fantaseando, como lo hago con frecuencia, sobre hasta qué punto la razón humana es un instrumento libre y vago. Veo de ordinario que los hombres, ante los hechos que se les proponen, prefieren dedicarse a indagar su razón antes que a indagar su verdad.[6] Pasan por encima las presuposiciones,[7] pero examinan con todo escrúpulo las consecuencias. Dejan las cosas y se precipitan a las causas. c | ¡Graciosos charlatanes! El conocimiento de las causas sólo corresponde a quien tiene la dirección de las cosas, no a nosotros, que no hacemos sino sufrirlas, y que podemos usarlas de forma del todo plena y cumplida, según nuestra necesidad,[8] sin penetrar en su origen y en su esencia. Tampoco el vino le resulta más grato a quien conoce sus propiedades primeras. Al contrario: tanto el cuerpo como el alma interrumpen y alteran su derecho al uso del mundo y de sí mismo cuando inmiscuyen la pretensión de la ciencia. El determinar y el repartir corresponden al magisterio y al mando; como a la sujeción y al aprendizaje, el aceptar.[9] Volvamos a nuestra costumbre. b | Suelen empezar así: «¿Cómo se produce esto?». Pero habría que decir: «¿Se produce?». Nuestro razonamiento es capaz de dar cuerpo a cien mundos distintos, y de descubrir sus principios y su contextura. No necesita ni materia ni base; dadle vía libre: construye con la misma facilidad en el vacío que en el lleno, y con la inanidad que con materia: