Los ensayos
Los ensayos b | Yo me atuve siempre, con la excusa de mi tregua, a que les dejaría solamente la ganancia que habían logrado con mi botín, que no era despreciable, sin prometerles otro rescate. Pasamos dos o tres horas con esto, y luego me hicieron montar un caballo que no tenía ningún deseo de escapar. Encargaron a quince o veinte arcabuceros que me condujeran por separado, y repartieron a mis hombres entre otros. Habían ordenado que nos llevaran prisioneros por caminos diferentes. Yo me había distanciado ya dos o tres arcabuzazos de allí:
Iam prece Pollucis, iam Castoris implorata.[137]
[Tras haber implorado con plegarias ahora a Pólux, ahora a Cástor].