Los ensayos
Los ensayos b | En cierta ocasión me preguntaron para qué habría creído ser bueno si a alguien se le hubiese ocurrido servirse de mí mientras tuve la edad:
Dum melior uires sanguis dabat, aemula necdum
temporibus geminis canebat sparsa senectus.[60]
[Mientras una sangre mejor me daba fuerzas, y la
celosa vejez no me sembraba de blanco ambas sienes].
«Para nada», dije. Y suelo excusarme por no saber hacer nada que me esclavice a otros. Pero habría dicho sus verdades a mi amo, y habría vigilado su comportamiento, si él lo hubiese querido. No en conjunto, por medio de lecciones escolares, que ignoro —y no veo que de ellas surja ninguna verdadera reforma en quienes las saben—, sino observándolo paso a paso, en cualquier oportunidad, y juzgando a ojo, por partes, de una manera simple y natural, mostrándole cómo es según la opinión común, oponiéndome a sus aduladores.