Los ensayos
Los ensayos LA PEDANTERÍA[1]
a | Siendo niño me irritó con frecuencia ver en todas las comedias italianas a un pedante haciendo de bufón,[2] y el nombre de magister [maestro] no tenía un significado mucho más honorable entre nosotros. En efecto, si me habían entregado a su gobierno, ¿qué menos podía hacer que velar por su reputación? Yo trataba de excusarlos por el desacuerdo natural que se da entre el vulgo y las personas singulares y sobresalientes en juicio y en saber, pues unos y otros siguen caminos enteramente contrarios. Pero lo que de ninguna manera entendía es que los hombres más refinados fuesen aquellos que más desprecio les profesaban, como prueba nuestro buen Du Bellay:
Mais je hais par sur tout un savoir pédantesque.
[Pero odio más que nada el saber pedantesco].[3]
b | Y se trata de una costumbre antigua, pues Plutarco dice que «griego» y «escolar» eran palabras de reproche y desprecio entre los romanos.[4]