Los ensayos
Los ensayos b | El pueblo se equivoca. Es mucho más fácil andar por los extremos, donde la extremidad sirve de lÃmite, de freno y de guÃa, que por la vÃa del medio, ancha y abierta, y según el arte, que según la naturaleza; pero es también mucho menos noble y menos digno de elogio. c | La grandeza del alma no consiste tanto en ascender y avanzar como en saber mantenerse en orden y circunscribirse. Tiene por grande todo aquello que es suficiente. Y muestra su elevación prefiriendo las cosas medianas a las eminentes.[199] b | Nada es tan hermoso y legÃtimo como hacer bien de hombre, y tal como es debido. Ni hay ciencia tan ardua como saber vivir bien[200] esta vida. Y, entre nuestras enfermedades, la más salvaje es despreciar nuestro ser. Quien pretenda apartar el alma, que lo haga sin temor, si puede, cuando el cuerpo se comporte mal, para librarla de este contagio. En lo demás, por el contrario, que la asista y ayude, y que no rehúse participar en sus placeres naturales, y deleitarse en ellos conyugalmente, aportando, si ella es más sabia, la moderación, no sea que por falta de sensatez se confundan con el sufrimiento. c | La intemperancia es la peste del placer, pero la templanza no es su azote: es su aliño. Eudoxo, que fijaba el bien supremo en él, y sus compañeros, que lo elevaron a un valor tan alto, lo saborearon en su más graciosa dulzura gracias a la templanza, que en ellos fue singular y ejemplar.[201]