Los ensayos
Los ensayos a | Le advertiremos de que, cuando esté en una reunión, dirija la mirada por todas partes; me parece, en efecto, que los primeros puestos están ocupados por regla general por los hombres menos competentes, y que las grandezas de fortuna raramente se encuentran unidas a la capacidad. He visto cómo mientras en el extremo principal de la mesa se charlaba sobre la belleza de un tapiz o sobre el sabor de la malvasÃa, se perdÃan muchas hermosas agudezas en el otro extremo. Escrutará la capacidad de cada uno: un boyero, un albañil, un transeúnte; hay que emplearlo todo y coger prestado de cada uno según su mercancÃa, pues todo se aprovecha: aun la necedad y la flaqueza ajena le servirán como instrucción. Al examinar las gracias y los usos de cada cual, engendrará en sà mismo el deseo de los buenos y el desprecio de los malos.
Es preciso infundir en su fantasÃa una honesta curiosidad para indagarlo todo; verá cuanto haya de singular a su alrededor: un edificio, una fuente, un hombre, el sitio donde se libró una antigua batalla, el lugar por donde pasaron César o Carlomagno:
b | Quae tellus sit lenta gelu, quae putris ab aestu,
uentus in Italiam quis bene uela ferat.[49]
[Qué tierra enfrÃa el hielo, cuál el calor vuelve polvorienta,
qué viento empuja las velas hacia Italia].