Los ensayos
Los ensayos a | Y en lo que concierne a la licencia griega, nuestras costumbres la abominan justamente.[33] c | Sin embargo, tampoco respondía del todo a la unión y el acuerdo perfectos que demandamos aquí, ya que, según sus usos, comportaba una necesaria disparidad de edades y diferencia de funciones entre los amantes. Quis est enim iste amor amicitiae? cur neque deformem adolescentem quisquam amat, neque formosum senem? [¿Qué es, en efecto, este amor de la amistad? ¿Por qué nadie ama ni al adolescente deforme ni al anciano hermoso?].[34] Porque ni siquiera la descripción que de ella efectúa la Academia me desautorizará, según creo, si digo esto de su parte:[35] que el primer furor inspirado por el hijo de Venus en el corazón del amante con respecto a la flor de una tierna juventud, al cual permiten todas las insolentes y apasionadas acometidas que puede producir un ardor inmoderado, se fundaba simplemente en la belleza externa, falsa imagen de la generación corporal. No podía, en efecto, fundarse en el espíritu, cuya manifestación permanecía todavía oculta, que apenas empezaba a nacer y no había alcanzado la edad de germinar. Que si este furor se adueñaba de un ánimo abyecto, empleaba como medios para su persecución las riquezas, los regalos, el favor para ascender a cargos importantes y otras bajas mercancías del mismo estilo, que ellos reprueban.[36] Si caía en un ánimo más noble, los medios eran en igual medida nobles: lecciones filosóficas, enseñanzas para venerar la religión, para obedecer las leyes, para morir por el bien del país, ejemplos de valentía, prudencia y justicia. El amante se esforzaba por hacerse aceptable merced a la amabilidad y belleza de su alma, dado que las de su cuerpo se habían marchitado mucho tiempo antes, y esperaba establecer, a través de esta relación mental, una alianza más firme y duradera. Cuando la persecución tenía éxito en el momento oportuno, surgía en el amado el deseo de concebir espiritualmente por medio de una belleza espiritual. En efecto, no le exigen al amante[37] que dedique tiempo y sensatez a su empresa, pero sí se lo exigen con todo rigor al amado, pues éste había de evaluar una belleza interior, cosa que es difícil de reconocer y ardua de descubrir. Ésta era para él la principal; la del cuerpo, accidental y secundaria: justo al contrario que para el amante. Por eso, prefieren al amado[38] y demuestran que también los dioses lo prefieren. Y censuran con fuerza al poeta Esquilo por haber concedido el papel de amante a Aquiles, que se hallaba en la primera e imberbe lozanía de la adolescencia y era el más hermoso de los griegos, en su amor con Patroclo.[39]