Los ensayos
Los ensayos a | El emperador Elio Vero respondió a su esposa, quejosa de que se entregara al amor de otras mujeres, que lo hacía por motivo de conciencia, pues el matrimonio era un título de honor y dignidad, no de concupiscencia retozona y lasciva.[21] c | Y nuestra historia eclesiástica ha conservado con honor la memoria de una mujer que repudió a su marido por no querer secundar ni sufrir sus caricias demasiado insolentes y desenfrenadas.[22] a | Ningún placer es, en suma, tan justo que no se nos pueda reprochar en él el exceso y la intemperancia.
Pero, hablando en serio, ¿no es el hombre un animal miserable? Apenas está en su poder, por su condición natural, degustar un solo placer íntegro y puro, y aún se esfuerza en recortarlo por medio de la razón —como no es bastante pobre, aumenta su miseria con arte y esfuerzo—:
b | Fortunae miseras auximus arte uias.[23]
[Hemos incrementado con nuestro arte
las míseras vías de nuestra fortuna].