Los ensayos
Los ensayos a | Dicen los sabios que sólo la filosofía, en lo que concierne al saber, y sólo la virtud, en lo que concierne a las acciones, convienen en general a todos los grados y a todos los órdenes. Se encuentra algo semejante en esos otros dos filósofos, porque prometen también eternidad a las cartas que escriben a sus amigos. Pero lo hacen de otra forma, y acomodándose por un buen fin a la vanidad ajena.[18] Les comunican, en efecto, que si el afán de darse a conocer a los siglos futuros, y de renombre, los retiene todavía en la dedicación a los asuntos públicos, y les hace temer la soledad y el retiro donde quieren llamarlos, olviden toda inquietud. Porque ellos tienen crédito suficiente ante la posteridad para garantizarles que, aunque sólo sea por las cartas que les escriben, harán su nombre tan conocido y famoso como podrían hacerlo sus acciones públicas. Y, aparte esta diferencia, no son, además, cartas vacías y descarnadas, que no se sostengan más que por una delicada elección de palabras, acumuladas y dispuestas según una cadencia regular, sino, por el contrario, repletas y rebosantes de bellos razonamientos de sabiduría, mediante los cuales uno se vuelve no más elocuente sino más sabio, y que nos enseñan no a hablar bien sino a obrar bien. ¡Menuda elocuencia la que nos deja ansia de sí misma, no de las cosas!:[19] salvo que se diga que la de Cicerón, siendo tan extremadamente perfecta, vale por sí misma.