Los ensayos
Los ensayos b | Sobre el asunto de las cartas, quiero decir una palabra: que es una tarea en la cual mis amigos sostienen que tengo cierta capacidad. c | Y me habrÃa gustado más adoptar esta forma para publicar mis fantasÃas si hubiese tenido a quien hablar. Necesitaba, como lo tuve en otro tiempo, un cierto trato que me atrajera, que me sostuviese y elevara.[21] Pues tener tratos al aire, como otros, no sabrÃa hacerlo sino en sueños, ni forjar vanos nombres para hablar de una cosa seria —enemigo jurado de toda especie de falsificación—. HabrÃa estado más atento y más seguro con alguien fuerte y amigo a quien dirigirme de lo que lo estoy pensando en los diferentes semblantes de un pueblo. Y me engaño si el resultado no hubiese sido mejor. b | Mi estilo es por naturaleza cómico y privado, pero con una forma mÃa, inadecuada para las negociaciones públicas, como lo es mi lengua en todos los aspectos: demasiado concisa, desordenada, entrecortada, particular. Y no entiendo de cartas ceremoniosas, sin más sustancia que la de una bella sarta de palabras corteses. Carezco de facultad y de gusto para esos largos ofrecimientos de afecto y servicio. No llego a creer tanto, y me disgusta decir mucho más de lo que creo. Está muy lejos del uso actual. Nunca hubo, en efecto, prostitución tan abyecta y servil de las presentaciones; «vida», «alma», «devoción», «adoración», «siervo», «esclavo», todas esas palabras circulan de manera tan común que, cuando quieren hacer notar una voluntad más manifiesta y más respetuosa, no les queda ya manera de expresarla.