Los ensayos
Los ensayos c | Los olores más simples y naturales me parecen más agradables. Y es una preocupación que concierne principalmente a las damas. En plena barbarie, las mujeres escitas, tras lavarse, se polvorean y embadurnan todo el cuerpo y la cara con cierta droga odorÃfera que nace en su territorio. Y, para atraer a los hombres, cuando se han quitado este maquillaje, creen estar limpias y perfumadas.[7] b | Es asombroso cómo se me adhiere cualquier olor, y hasta qué punto mi piel es propensa a impregnarse de ellos. Si alguien se queja de la naturaleza por haber dejado al hombre sin instrumento que conduzca los olores a la nariz, se equivoca, pues se conducen a sà mismos. Pero a mà particularmente me sirven para esto los bigotes que tengo espesos. Si les acerco los guantes o el pañuelo, el olor permanecerá en ellos un dÃa entero. Delatan el lugar de donde vengo. Los besos Ãntimos de la juventud, sabrosos glotones y pegajosos, se les adherÃan en aquellos tiempos, y continuaban ahà muchas horas más tarde.