Los ensayos
Los ensayos En mi opinión, un hombre sabio puede, por el interés de otros, o por no interrumpir indecorosamente una reunión, como en el caso de Rústico, o por no interrumpir otro quehacer importante, rehusar oír las noticias que le traen. Pero, si lo hace por propio interés, o por placer particular, en especial si desempeña un cargo público, por no estorbar su cena, o incluso su sueño, no tiene excusa. Y antiguamente había en Roma el asiento consular, como lo llamaban, el más honorable de la mesa, porque era el más próximo y el más accesible para quienes acudían a hablar con quien estaba sentado en él.[7] Es la prueba de que, aun cuando estuvieran en la mesa, no dejaban de intervenir en otros asuntos y sucesos. Pero, a fin de cuentas, en las acciones humanas es difícil dar una regla tan precisa, por medio del razonamiento, que la fortuna no mantenga su derecho sobre ellas.