Los ensayos

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a | Señora, si no me salvan la extrañeza y la novedad, que suelen conferir valor a las cosas, ya no saldré con honor de esta necia empresa;[3] pero es a tal punto fantástica, y tiene un aspecto tan alejado del uso común, que esto podrá abrirle paso. Fue un humor melancólico, y un humor por consiguiente muy hostil a mi temperamento natural, producido por la aflicción de la soledad en la cual hace algunos años me había arrojado, lo que me metió primeramente en la cabeza el desvarío de empezar a escribir.[4] Y después, al encontrarme por completo desprovisto y vacío de cualquier otra materia, me ofrecí yo mismo a mí mismo como argumento y como asunto. c | Es el único libro del mundo de su especie, a | y tiene un propósito feroz y extravagante. Por lo demás, nada hay en esta obra digno de señalarse salvo esta rareza. Porque con un asunto tan vano y tan vil el mejor artífice del mundo no habría sabido darle una forma que merezca que se repare en ella. Ahora bien, señora, puesto que debo retratarme al natural, habría olvidado un rasgo importante si no hubiese representado el honor que he rendido siempre a vuestros méritos. Y he querido expresarlo de manera particular al inicio de este capítulo, por cuanto, entre vuestras demás buenas cualidades, la del amor que habéis manifestado hacia vuestros hijos ocupa uno de los primeros puestos. Quien sepa la edad en la cual el señor de Estissac, vuestro marido, os dejó viuda, los grandes y honorables partidos que se os han ofrecido, más que a ninguna dama de Francia de vuestra condición, la constancia y la firmeza con la cual habéis asumido, durante tantos años y a través de tantas dificultades espinosas, el peso y la dirección de sus asuntos, que os han llevado a todos los rincones de Francia y os asedian todavía, la feliz orientación que les habéis dado merced tan sólo a vuestra prudencia o buena fortuna, dirá fácilmente conmigo que en estos tiempos no tenemos otro ejemplo de amor maternal más claro que el vuestro. Alabo a Dios, señora, porque haya sido tan bien empleado. En efecto, las buenas esperanzas que brinda de sí mismo el señor de Estissac, vuestro hijo, son garantía suficiente de que, cuando alcance la edad, obtendréis la obediencia y el reconocimiento de un hijo excelente. Pero, dado que a causa de su niñez no ha podido advertir los extraordinarios servicios que con tanta abundancia ha recibido de vos, quiero, si estos escritos llegan a caer algún día en sus manos, cuando yo ya no tenga ni boca ni palabra que pueda decirlo, que acoja de mi parte este testimonio con plena certeza, el cual le será aún más vivamente atestiguado por los buenos efectos de los que, si Dios quiere, se beneficiará: que no hay gentilhombre en Francia que deba más a su madre que él, y que no puede dar en el futuro prueba más cierta de su bondad y de su virtud que reconociéndoos como tal.


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