Los ensayos
Los ensayos b | La vejez tiene tantas clases de defectos, tanta impotencia, es tan propicia al desprecio, que la mejor adquisición que puede hacer es el afecto y el amor de los suyos. El mando y el temor no son ya sus armas. He visto a alguno cuya juventud habÃa sido muy imperiosa, que, llegado a la vejez, aunque se las arregla con la mejor salud posible, golpea, muerde, jura —c | el más tempestuoso señor de Francia—, b | se consume de preocupación y de vigilancia. Todo ello no es más que una farsa en la cual su misma familia conspira; son otros los que se llevan la mejor parte del uso del granero, de la bodega e incluso de su bolsa, mientras él guarda las llaves en su zurrón con más apego que si fueran sus ojos. Mientras él se contenta con el ahorro y la tacañerÃa de su mesa, todo es desenfreno en varios reductos de su casa, juego y gasto, y narración de los cuentos de su vana cólera y previsión. Todos están en guardia contra él. Si por casualidad algún pobre sirviente se le acerca, al punto sospecha de él —una caracterÃstica en la cual la vejez se complace tanto de suyo—. ¡Cuántas veces ha alardeado ante mà de la sujeción en la que mantenÃa a los suyos, y de la estricta obediencia y veneración que le rendÃan! ¡Hasta qué punto veÃa claro en sus asuntos!:
Ille solus nescit omnia.[29]
[Sólo él lo ignora todo].