Los ensayos
Los ensayos Entre los libros simplemente agradables, encuentro, de los modernos, el Decamerón de Boccaccio, Rabelais y los Besos de Juan Segundo[9] —si hay que darles este tÃtulo—[10] dignos de ocuparse de ellos. En cuanto a los Amadises y tal suerte de escritos, no han gozado de la autoridad de detenerme ni siquiera en mi infancia.[11] Diré también, audaz o temerariamente, que esta vieja alma pesada no se deja complacer más no ya por Ariosto sino ni siquiera por el buen Ovidio. Su facilidad y sus invenciones, que en otro tiempo me encantaron, ahora apenas me retienen.[12]