Los ensayos
Los ensayos Observo que muchas virtudes, como la castidad, la sobriedad y la templanza, pueden llegar a nosotros gracias a la declinación del cuerpo. La firmeza frente a los peligros —si debe llamarse firmeza—, el desdén ante la muerte, la resistencia frente a los infortunios, pueden surgir, y se hallan a menudo en los hombres, por la ausencia de un juicio correcto sobre tales accidentes, y por no entenderlos como son. La falta de comprensión y la estupidez remedan en ocasiones las acciones virtuosas. AsÃ, he visto con frecuencia dedicar elogios a unos hombres por aquello que los hacÃa merecedores de censura. Un señor italiano pronunció una vez estas palabras en mi presencia, en detrimento de su nación: que la sutileza de los italianos y la vivacidad de sus concepciones eran tan grandes que preveÃan los peligros y los infortunios que les podÃan suceder desde muy lejos; y que, por lo tanto, no era de extrañar que se les viera a menudo, en la guerra, atendiendo a su seguridad incluso antes de haber reconocido el peligro; que nosotros y los españoles, que no éramos tan sutiles, Ãbamos más allá, y que era preciso nos pusieran ante los ojos y nos hiciesen tocar con la mano el peligro antes de asustarnos, y que entonces tampoco resistÃamos más; pero que los alemanes y los suizos, más burdos y torpes, carecÃan de juicio para cambiar de opinión casi ni siquiera cuando los golpes les abrumaban.[20] No era quizá sino una broma. Con todo, es bien cierto que, en el oficio de la guerra, los aprendices se arrojan muchas veces a los peligros con más ligereza que una vez escarmentados: