Los ensayos
Los ensayos momento en el cual, a su juicio, el goce nos transporta con tanta fuerza fuera de nosotros que nuestra razón no puede ejercer su función, impedida y arrebatada como está por el placer.[36] Yo sé que puede ocurrir de otro modo, y que a veces, si asà se quiere, es posible proyectar el alma, en ese mismo instante, hacia otros pensamientos. Pero hay que tensarla y endurecerla con atención. Sé que el empuje de este placer puede dominarse; c | lo conozco bien, y Venus no me ha parecido divinidad tan imperiosa como muchos, y más reformados que yo,[37] la declaran. a | No considero milagro, como hace la reina de Navarra en uno de los cuentos de su Heptamerón —que es un libro gentil para su materia—, ni como cosa extremadamente difÃcil pasar noches enteras, con plena comodidad y libertad, junto a una amante deseada durante mucho tiempo, manteniendo la palabra empeñada de contentarse con besos y simples caricias.[38] Creo que el ejemplo del placer de la caza serÃa más apropiado —el goce es menor, pero el arrebato y la sorpresa, mayores, de modo que nuestra aturdida razón no tiene el tiempo de prepararse para el encuentro—, cuando tras una larga persecución el animal aparece de repente en el sitio donde acaso menos lo esperábamos. La sacudida y el ardor de los gritos nos causan tanta impresión que les serÃa difÃcil, a los que aman esta clase de caza menor, retirar en ese instante el pensamiento a otra cosa. Y los poetas describen a Diana victoriosa sobre la antorcha y las flechas de Cupido: