Los ensayos
Los ensayos Digo, pues, para volver a mi asunto, que no es verosÃmil considerar que los animales hagan por inclinación natural y forzosa lo mismo que nosotros hacemos por elección y habilidad. De los mismos efectos debemos inferir las mismas facultades, y de efectos más ricos, facultades más ricas, y debemos confesar por consiguiente que la misma razón, la misma vÃa que seguimos para actuar, la siguen también los animales, o alguna otra mejor. ¿Por qué imaginamos en ellos una coerción natural, si nosotros no experimentamos ningún efecto similar? Además, es más honroso ser encaminado y obligado a obrar rectamente por condición natural e inevitable, y más cercano a la divinidad, que obrar rectamente por libertad accidental y fortuita, y es más seguro dejar las riendas de nuestra conducta a la naturaleza que a nosotros. La vanidad de nuestra presunción nos lleva a preferir deber a nuestras fuerzas, más que a su generosidad, la capacidad que poseemos; y adornamos a los demás animales de bienes naturales, y se los cedemos, para honrarnos y ennoblecernos, por nuestra parte, con bienes adquiridos. Lo hacemos asà con una inclinación muy simple, me parece, pues yo apreciarÃa mucho más las gracias enteramente mÃas y naturales que las que hubiera ido a mendigar y a rebuscar del aprendizaje. No está en nuestro poder adquirir más bello motivo de alabanza que el de ser favorecido por Dios y por la naturaleza.