Los ensayos
Los ensayos Y si pretendemos arrogarnos alguna superioridad del hecho mismo de que esté en nuestras manos apresarlos, servirnos de ellos y utilizarlos a nuestro antojo,[126] no es sino la misma superioridad que tenemos unos sobre otros. Mantenemos en esta condición a nuestros esclavos. b | Y ¿no eran las climácidas unas mujeres, en Siria, que servían, echadas a cuatro patas, como estribo y escalón para que las damas subieran a su carruaje?[127] a | Y la mayoría de las personas libres ceden a cambio de ventajas bien ligeras la vida y el ser al poder de otros.[128] c | Las esposas y las concubinas de los tracios se disputan ser elegidas para morir en la tumba del marido.[129] a | ¿Acaso los tiranos han dejado jamás de encontrar suficientes hombres consagrados a su devoción, algunos de ellos añadiendo también la necesidad de acompañarlos a la muerte como los acompañaron en vida?
b | Ejércitos enteros se han comprometido de este modo con sus capitanes. La fórmula de juramento de la ruda escuela de los gladiadores comportaba estas promesas: «Juramos dejarnos encadenar, quemar, golpear y matar con la espada, y sufrir todo aquello que los gladiadores legítimos sufren de su amo, empeñando con máximo escrúpulo el cuerpo y el alma a su servicio»:[130]
Vre meum, si uis, flamma caput, et pete ferro
corpus, et intorto uerbere terga seca.[131]