Los ensayos
Los ensayos Repartimos el fruto de nuestra caza con nuestros perros y nuestras aves, del mismo modo que el esfuerzo y la habilidad; y, al norte de Anfípolis, en Tracia, los cazadores y los halcones salvajes se reparten el botín justamente por la mitad;[136] como, a lo largo de la laguna Meótide, sí el pescador no cede a los lobos de buena fe una parte igual de su captura, se precipitan a desgarrarles las redes.[137] a | Y así como tenemos una caza que se lleva a cabo más por sutileza que por fuerza, como la que se hace con lazos o con cañas y anzuelo, se ven también otras similares entre los animales. Aristóteles dice que la sepia lanza del cuello una tripa larga como una caña que extiende a lo largo, dejándola ir, y que recoge cuando quiere; si percibe que algún pececillo se le acerca, le deja morder el extremo de esa tripa, que está oculta en la arena o en el cieno, y, poco a poco, la recoge hasta que tiene el pececillo tan cerca que puede atraparlo de un salto.[138]
En cuanto a fuerza, no existe animal en el mundo expuesto a tantas heridas como el hombre. No necesitamos una ballena, un elefante ni un cocodrilo, ni ningún animal semejante, de los que uno solo es capaz de derrotar a un gran número de hombres;[139] los piojos se bastan para interrumpir la dictadura de Sila;[140] el corazón y la vida de un magno y triunfante emperador son el desayuno de una lombriz.