Los ensayos
Los ensayos a | Ahora bien, estos ejemplos me parecen tanto más oportunos porque vemos que estas almas, atacadas y puestas a prueba por los dos medios, resisten uno sin conmoverse, pero se doblegan bajo el otro. Cabe decir que el hecho de que un ánimo caiga en la conmiseración es un efecto de la ligereza, del carácter bondadoso y de la blandura, y que por eso las naturalezas más débiles, como las de mujeres, niños y vulgo, son más propensas a caer en ella; pero que rendirse sólo a la reverencia de la santa imagen del valor, desdeñando lágrimas y llantos, es el efecto del alma fuerte e implacable, que estima y honra el vigor viril y obstinado. Sin embargo, el asombro y la admiración pueden producir el mismo efecto en almas menos nobles. Tenemos la prueba del pueblo tebano, que llevó a sus capitanes ante la justicia, con una acusación capital, por haber ejercido su función más tiempo del prescrito y preestablecido. Mientras que absolvió a duras penas a Pelópidas, que se doblegó bajo el peso de tales acusaciones, y fundó su defensa en meras demandas y súplicas, por el contrario, con Epaminondas, que hizo un relato magnífico de las gestas que había realizado y las reprochó al pueblo, c | de manera orgullosa y arrogante, a | no tuvo siquiera el coraje de coger las bolillas de votar, y se marchó. La asamblea dedicó grandes elogios a la alteza de ánimo de este personaje.[7]