Los ensayos
Los ensayos A decir verdad, parece que la naturaleza, como consuelo a nuestro miserable y pobre estado, no nos ha concedido otra cosa que la presunción. Así lo dice Epicteto: el hombre no tiene nada propiamente suyo sino el uso de sus opiniones.[275] No se nos ha asignado sino viento y humo. b | Los dioses poseen una salud efectiva, dice la filosofía, y conciben la enfermedad; el hombre, por el contrario, posee sus bienes de manera imaginaria, los males realmente.[276] a | Ha sido razonable realzar las fuerzas de nuestra imaginación, pues nuestros bienes no existen más que en sueños. Escuchad cómo se jacta el pobre y calamitoso animal: «Nada es tan dulce», escribe Cicerón, «como dedicarse a las letras, me refiero a esas letras gracias a las cuales descubrimos la infinitud de las cosas, el tamaño inmenso de la naturaleza y, en este mismo mundo, cielos, tierras y mares;[277] ellas nos han enseñado la religión, la moderación, la grandeza de ánimo, y nos han arrancado el alma de las tinieblas para mostrarle la totalidad de las cosas altas, bajas, primeras, últimas e intermedias;[278] ellas nos proveen con qué vivir recta y felizmente, y nos guían para que nuestra vida transcurra sin contrariedad ni sufrimiento». ¿No es cierto que parece hablar de la condición de Dios siempre vivo y todopoderoso? Y en cuanto a la realidad, mil mujercitas han vivido en su pueblo una vida más estable, más dulce y más constante que la suya: