Los ensayos
Los ensayos a | Ahora bien, tal posición de su juicio, recta e inflexible, receptora de todos los objetos sin aplicación ni asentimiento, los encamina a su ataraxia, que es una condición de vida apacible, reposada, exenta de las agitaciones que nos brinda la impresión de la opinión y la ciencia que creemos tener de las cosas.[376] Ése es el origen del temor, de la avaricia, la envidia, los deseos inmoderados, la ambición, el orgullo, la superstición, el amor a la novedad, la rebelión, la desobediencia, la obstinación y la mayoría de los males corporales. De esta manera se eximen incluso del celo por su propia doctrina. En efecto, discuten con gran blandura. No temen en absoluto la contestación en su disputa. Cuando dicen que lo pesado desciende, les aflige mucho ser creídos; e intentan ser contradichos para generar la duda y la suspensión del juicio, que es su fin. No presentan sus proposiciones sino para oponerse a las que piensan que creemos nosotros. Si adoptas la suya, ellos adoptarán también gustosamente la contraria para defenderla. Todo les da lo mismo; no establecen diferencia alguna. Si aseguras que la nieve es negra, argumentan por el contrario que es blanca. Si dices que no es ni una cosa ni la otra, les toca defender que es ambas cosas. Si sostienes, con juicio seguro, que nada sabes al respecto, te defenderán que lo sabes. E, incluso, si aseguras, con un axioma afirmativo, que dudas de ello, te contestarán que no lo dudas, o que no puedes juzgar y establecer que lo dudas. Y con tal duda extrema, que se zarandea a sí misma, se apartan y dividen de numerosas opiniones, también de aquellas que han defendido de muchas maneras la duda y la ignorancia.