Los ensayos
Los ensayos c | Por lo demás, no hay ninguna escuela que no se vea forzada a permitir que su sabio secunde muchas cosas ni comprendidas ni percibidas ni aprobadas, si quiere vivir. Y, cuando se hace a la mar, sigue su propósito ignorando si le será favorable, y asume que el barco es bueno, el piloto experto, la estación benigna, circunstancias solamente probables. Está obligado a seguirlas, y a dejarse llevar por las apariencias, con tal de que no sean expresamente contrarias.[389] Tiene un cuerpo, tiene un alma; los sentidos le empujan, el espíritu le mueve. Aunque no encuentre en sí el signo propio y singular para emitir un juicio, y aunque advierta que no debe dar su aprobación, porque puede haber algo falso que se asemeje a la verdad, no deja de ejercer las tareas de su vida de forma plena y conveniente.[390] ¿Cuántas artes hay que hacen profesión de consistir más en conjetura que en ciencia, que no deciden acerca de lo verdadero y lo falso, y se limitan a seguir lo aparente?[391] Existe, dicen, lo verdadero y lo falso, y tenemos capacidad para buscarlo, pero no para determinarlo en una piedra de toque. Es mucho mejor para nosotros dejarnos llevar sin inquisición por el orden del mundo. El alma libre de prejuicios se ha acercado extraordinariamente a la tranquilidad. Quienes juzgan y examinan a sus jueces nunca se someten a ellos como es debido. ¡Hasta qué punto, tanto en las leyes religiosas como en las políticas, los espíritus simples y desprovistos de curiosidad resultan más dóciles y fáciles de manejar que esos espíritus vigilantes y pedagogos de las causas divinas y humanas!