Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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- Sí. Así es; no le mencionaría el colegio hasta que no salga de sí misma. Puede estar segura, Marilla, de que dentro de una semana se habrá calmado y estará dispuesta a regresar por su propia voluntad, eso es, mientras que si tratara de llevarla por la fuerza, Dios sabe qué baraúnda armaría. Cuanto menos importancia le demos al asunto, mejor.

En lo que se refiere al colegio, no sentirá mucho no ir. El señor Phillips no vale mucho como maestro. Guarda un orden escandaloso, eso es, y deja de lado a los más pequeños en favor de los alumnos mayores, que prepara para la Academia de la Reina. Nunca hubiera conseguido dar clase un año más si su tío no hubiese sido uno de los síndicos; el síndico, pues lleva a los demás de la nariz, eso es. Confieso que no sé dónde va la educación en esta isla.

Marilla siguió el consejo de la señora Rachel y no le dijo una sola palabra más a Ana respecto a la vuelta al colegio. La niña aprendió sus lecciones en casa y jugó con Diana en los fríos crepúsculos de otoño. Pero cuando se cruzaba con Gilbert Blythe en el camino o le encontraba en la escuela dominical, pasaba a su lado con helado desprecio, que no quebraban un punto sus intentos evidentes de apaciguarla. Ni siquiera los esfuerzos de Diana como pacificadora surtieron efecto. Ana había decidido odiar a Gilbert Blythe hasta el fin de sus días.


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