Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes señora Barry me vea yerta ante ella, sienta remordimientos por lo que ha hecho y permita que Diana asista a mi funeral.
- No creo que haya que temer que te mueras de pena mientras puedas hablar, Ana – fue la seca respuesta de Marilla.
El lunes siguiente, Marilla se sorprendió al ver bajar a Ana de su cuarto con los libros bajo el brazo y los labios apretados con determinación.
- Vuelvo a la escuela – anunció –. Es todo lo que me queda en la vida, ahora que mi amiga ha sido cruelmente separada de mÃ. En la escuela podré mirarla y pensar en los dÃas idos.
- Será mejor que pienses en las lecciones y sumas – dijo Marilla ocultando su satisfacción por el giro que tomaba el asunto –. Espero que no volvamos a oÃr que has roto pizarras sobre la cabeza de la gente y demás cosas por el estilo. Pórtate bien y haz sólo lo que te diga tu maestro.