Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes “El defensor de los granjeros” en el sofá y Ana estudiaba con determinación sus lecciones en la mesa, a pesar de las continuas miradas que echaba al estante del reloj, donde estaba el nuevo libro que le prestara Jane Andrews.
Jane le había asegurado un buen número de estremecimientos o palabras de admiración, y los dedos de Ana ardían por tocarlo. Pero eso significaría el triunfo de Gilbert Blythe a la mañana siguiente. Ana se volvió de espaldas al estante y trató de imaginar que no estaba allí.
- Matthew, ¿estudió usted geometría alguna vez cuando iba al colegio?.
- No, creo que no – dijo Matthew, saliendo bruscamente de su modorra.
- Me gustaría que sí – suspiró Ana –, porque me tendría compasión. No se puede tener la compasión correcta si nunca se la ha estudiado. La geometría está nublando toda mi vida. ¡Soy tan zopenca en ella, Matthew!.
- Bueno, no lo creo – dijo Matthew, conciliador –. Me parece que eres buena en todo. El señor Phillips me dijo la semana pasada en el almacén de Blair que eres la colegiala más inteligente y que harías rápidos progresos. “Rápidos progresos” fueron sus palabras.
Hay muchos que acusan a Terry Phillips y dicen que es un mal maestro, pero creo que no es así.