Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

¿sabe?, la gente del asilo. ¡Pero hay tan poco campo para la imaginación en un asilo!...; sólo están los demás asilados. Era algo muy interesante imaginar cosas respecto a ellos; imaginar que la niña que estaba a mi lado era en verdad la hija de un conde, robada a sus padres en la infancia por una niñera cruel, que muriera antes de poder confesar. Y

acostumbraba a estar despierta por las noches, imaginando cosas así, porque no tenía miedo durante el día. Sospecho que es por eso que estoy tan delgada; soy horriblemente flaca, ¿no es así? No hay carne en mis huesos. Me gusta imaginarme que soy bonita y gorda, con hoyuelos en los codos.

Con esas palabras, la compañera de Matthew cesó su charla, en parte porque se le había acabado la respiración y en parte porque habían llegado a la calesa. No dijo otra palabra hasta que hubieron dejado el pueblo y bajaban una colina empinada, en la que el camino había sido trazado tan profundamente, que los terraplenes, cubiertos de cerezos silvestres en flor y abedules, se alzaban muy arriba sobre sus cabezas.

La niña sacó la mano y rompió una rama de ciruelo silvestre que rozaba el costado del carricoche.

- ¿No es hermoso? ¿En qué le hace pensar ese árbol que sobresale blanco y lleno de flores? – preguntó.

- Bueno... no sé... – dijo Matthew.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker