Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes La señorita Josephine Barry, delgada, peripuesta y rígida, estaba tejiendo furiosamente junto al fuego, con su trenza completamente revuelta y los ojos parpadeándole detrás de sus lentes ribeteados de oro. Se volvió en su silla, esperando ver a Diana, y descubrió una pálida niña cuyos grandes ojos reflejaban una mezcla de desesperado valor y tembloroso terror.
- ¿Quién eres tú? – preguntó la señorita Josephine Barry sin ceremonias.
- Soy Ana, la de “Tejas Verdes” – dijo la pequeña y temblorosa visitante, juntando las manos con su gesto característico –, y tengo que confesar, si usted me lo permite.
- ¿Confesar qué?.
- Que fue culpa mía el que nos tiráramos sobre usted anoche. Yo lo sugerí; a Diana nunca se le hubiera ocurrido una cosa así. Estoy segura. Diana es muy educada, señorita Barry. De manera que vea cuán injusto es culparla a ella.
- ¿Ah, sí? De cualquier modo, Diana también saltó. ¡Qué modo de portarse en una casa respetable!.