Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Supongo que pronto podremos invitar al señor Allan y a su esposa a tomar el té – dijo Marilla reflexivamente –. Han estado en todas partes menos aquí. Veamos. El próximo miércoles será un buen día. Pero no digas una palabra a Matthew, pues si se entera de que vienen, encontrará una excusa para no tomarlo. Se acostumbró tanto al señor Bentley que no le daba importancia, pero le va a costar acostumbrarse al nuevo ministro, y la esposa de éste le va a asustar terriblemente.
- Guardaré el secreto como una tumba – aseguró Ana –. Pero, Marilla, ¿me dejará hacer un pastel para la ocasión? Me gustaría hacer algo para la señora Allan y creo que ya puedo hacer un buen pastel.
- Lo harás.
El lunes y martes hubo grandes preparativos en “Tejas Verdes”. Tener al ministro y su esposa como invitados era algo importante, y Marilla estaba determinada a no quedar eclipsada por ninguna de las amas de casa de Avonlea. Ana estaba excitada. Conversó al respecto con Diana la tarde anterior, a la luz del crepúsculo, sentadas ambas en las rocas rojas de la Burbuja de la Dríada, mientras hacían arco iris en el agua con ramitas embebidas en bálsamo de abeto.