Ana de las Tejas Verdes

- Bueno, será mejor que le lleves el pastel a los cerdos – dijo Marilla –. No lo puede comer ningún ser humano, ni siquiera Jerry Boute.

CAPÍTULO VEINTIDÓS

Ana es invitada a tomar el té

- ¿Por qué vienes con los ojos fuera de las órbitas? – preguntó Marilla cuando Ana entró corriendo desde la oficina de correos –. ¿Has descubierto otra alma gemela?.

La excitación envolvía a Ana como una vestidura, brillando en sus ojos, resaltando en cada rasgo. Había venido bailando por el sendero, como un duende llevado por los vientos, a través de la suave luz y las perezosas sombras de la tarde de agosto.

- No, Marilla, ¿no se imagina qué es? ¡Estoy invitada a tomar el té mañana en la rectoría!

La señora Allan me dejó la carta en la oficina de correos. Mírela, Marilla, “Srta. Ana Shirley”, “Tejas Verdes”. Es la primera vez que me llaman “señorita”. ¡Me ha dado un estremecimiento! La guardaré entre mis tesoros más preciados.

- La señora Allan me dijo que tenía intención de invitar por turno a todos los miembros de su clase de la Escuela Dominical – dijo Marilla, considerando fríamente el maravilloso acontecimiento –. No necesitas excitarte tanto por ello. Debes aprender a tomar las cosas con calma, muchacha.

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