Ana de las Tejas Verdes

CAPÍTULO VEINTICUATRO

La señorita Stacy y sus alumnos organizan un festival

Era otra vez octubre cuando Ana estuvo nuevamente en condiciones de regresar al colegio; un octubre glorioso, todo rojo y oro, con dulces mañanas en que los valles estaban cubiertos por brumas delicadas, cual si el espíritu del otoño las hubiera puesto allí para que el sol tallara amatistas, perlas, plata y rosas. El rocío era tanto, que los campos parecían cubiertos por un manto de plata y había enormes montones de hojas muertas en las hondonadas, crujientes bajo los pies. El Camino de los Abedules era un amarillo dosel y los helechos lo bordeaban, secos y pardos. El aire tenía un gustillo que inspiraba los corazones de las damitas y las hacía correr, contentas, al colegio. Era tan agradable estar otra vez en el pequeño pupitre junto a Diana, con Ruby Gillis saludando con la cabeza desde el otro lado del pasillo, Carrie Sloane mandando notas y Julia Bell enviando goma de mascar desde el pupitre trasero. Ana lanzó un largo suspiro de felicidad al tiempo que sacaba punta al lápiz y arreglaba las ilustraciones sobre su pupitre. La vida era por cierto muy interesante.

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