Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Pero todos los días de campo, recitados y ejercicios físicos palidecieron ante un proyecto que trajo la señorita Stacy en noviembre. Que los escolares de Avonlea debían organizar un festival para el día de Nochebuena, con el laudable fin de obtener fondos para una bandera para la escuela. Los alumnos se apuntaron inmediatamente al plan y comenzó en seguida la preparación de un programa; de todos los ejecutantes electos, ninguno se excitó más que Ana Shirley, que se lanzó a la tarea en cuerpo y alma, trabada como estaba por la desaprobación de Marilla. Ésta lo consideraba como una tontería de marca mayor.
- Te está llenando la cabeza de tonterías y ocupando un tiempo que puedes dedicar a las lecciones – gruñó –. No apruebo que los niños organicen festivales y corran de un lado a otro ensayando. Esto los hace engreídos y amigos de callejear.
- Pero piense en el buen fin, Marilla – rogó Ana –. Una bandera cultivará el espíritu de patriotismo.
- ¡Tonterías! Hay muy poco patriotismo en vuestros pensamientos. Lo único que queréis es pasar un buen rato.