Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Bueno, le estoy muy agradecido – dijo Matthew – y... y... no sé... pero me gustarÃa... me parece que las mangas que se usan ahora son diferentes de las de antes. Si no fuera mucho pedir, me gustarÃa que fueran como las de ahora.
- ¿Abullonadas? Por supuesto. No tiene que preocuparse más del asunto, Matthew. Haré el vestido a la última moda – dijo la señora Lynde. Cuando Matthew se hubo ido agregó para sà –: Realmente serÃa una gran satisfacción ver a esa pobre niña usar algo decente por una vez. La manera como la viste Marilla es decididamente ridÃcula, eso es, y he sufrido por decÃrselo claramente una docena de veces, aunque he cerrado bien la boca, porque me doy cuenta de que Marilla no quiere consejos y cree que sabe más que yo de criar niños sólo porque es más vieja. Las personas que han criado niños saben que no hay un solo método que convenga a todos los niños. Todos creen que criarlos es tan sencillo y fácil como la regla de tres, pero las cosas humanas no se arreglan con aritmética, y allà es donde está el error de Marilla Cuthbert. Supongo que está tratando de cultivar el espÃritu de la humildad en Ana al vestirla como lo hace; pero lo más probable es que fomente la envidia y el descontento. Estoy segura de que la niña debe sentir la diferencia entre sus ropas y las de las demás. ¡Pero pensar que Matthew se haya dado cuenta! Ese hombre ha despertado después de dormir sesenta años.