Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Oh, Diana – murmuró Ana, apoyándose en un arce –, ¿es verdad lo que dices? Pero seguro que Marilla no me dejará ir. Dirá que no puede alentar el callejeo. Eso fue lo que dijo la semana pasada cuando Jane me invitó a acompañarlos en el coche al festival del hotel de White Sands. Yo deseaba ir, pero Marilla dijo que mejor estarÃa en casa estudiando mis lecciones y que Jane también. Me sentà amargamente desilusionada, Diana, y con el corazón tan destrozado que esa noche no recé antes de acostarme. Pero me arrepentà y me levanté a hacerlo a medianoche.
- Conseguiremos que mamá se lo pida. Es probable que asà te deje; y si lo hace, pasaremos unos momentos inolvidables, Ana. Nunca he estado en una exposición y es muy doloroso escuchar a otras niñas contar sus viajes. Jane y Ruby han estado dos veces y vuelven este año.
- No voy a pensarlo hasta saber si iré o no – dijo Ana, resuelta –. Si lo hiciera y luego me desilusionara, no lo podrÃa resistir. Pero si voy, me gustarÃa tener listo el abrigo nuevo.