Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Marilla consintió en que Ana fuera a la ciudad y acordaron que el señor Barry las llevaría el martes siguiente. Como Charlottetown quedaba a cuarenta y cinco kilómetros y el señor Barry deseaba ir y volver en el día, fue necesario salir muy temprano. Pero para Ana fue una diversión; antes de que amaneciera ya estaba en pie. Una mirada por la ventana le aseguró que el día sería hermoso, pues el cielo oriental tras los pinos del Bosque Embrujado estaba plateado y sin nubes. Por entre los árboles se veía brillar una luz en la buhardilla de “La Cuesta del Huerto”, señal de que Diana también se había levantado.
Ana ya estaba vestida cuando Matthew hubo encendido el fuego y, aunque tenía el desayuno servido cuando bajó, estaba demasiado excitada como para comer. Después del desayuno, con el elegante abrigo y el gorro nuevo puestos, Ana cruzó apresurada el arroyo hacia “La Cuesta del Huerto”. El señor Barry y Diana la esperaban y pronto estuvieron en camino.