Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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- Si tú estás confundida, Ana, yo también lo estoy, porque a menudo Rachel produce en mí ese mismo efecto. A veces pienso que ella influiría mucho más para el bien, como tú dices, si no estuviera siempre sermoneando a la gente sobre lo que debe hacer. Tendría que haber algún precepto contra el sermoneo. Pero no debería expresarme así. Rachel es una buena cristiana y tiene buenas intenciones. No hay un alma más noble en Avonlea y nunca elude sus tareas.

- Me alegra mucho que sienta lo mismo – dijo Ana decididamente –. Es alentador. Ahora ya no me preocuparé tanto por este asunto. Pero me atrevo a decir que se presentarán otras cosas que me preocuparán. Cada momento trae una nueva que me deja perpleja.

Se termina con una cuestión e inmediatamente surge otra. Hay tantas cosas que meditar y que decidir cuando se está empezando a crecer. Pensar y determinar lo que es correcto ocupa todo mi tiempo. Estar creciendo es algo muy serio, ¿no le parece, Marilla? Pero con amigos tan buenos como usted y como Matthew, la señora Allan y la señorita Stacy tengo que crecer correctamente, y estoy segura de que si fallo será sólo por culpa mía.

Siento que es una gran responsabilidad, porque no tengo más que una oportunidad. Si no crezco como Dios manda, no puedo volver atrás y empezar otra vez. Este verano he crecido cinco centímetros, Marilla. La señora Gillis me midió en la fiesta de Ruby.


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