Ana de las Tejas Verdes

Ana de las Tejas Verdes

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“vencería a toda la isla”. Ana sentía que eso era algo que no podía pensar ni en los sueños más irrealizables. Pero esperaba fervientemente estar entre los primeros para ver brillar el orgullo en los ojos de Matthew. Sería la recompensa más dulce por su dura labor y su paciente lucha contra las áridas ecuaciones y conjugaciones.

De manera que, al final de la quincena, Ana comenzó a rondar el correo, en la distraída compañía de Jane, Ruby y Josie, abriendo los periódicos de Charlottetown con las mismas frías y temblorosas manos del día del examen. Charlie y Gilbert no pudieron evitar hacer lo mismo, pero Moody permaneció resueltamente alejado.

- No tengo valor para ir allí y contemplar el diario a sangre fría – le dijo a Ana –. Voy a esperar hasta que alguien venga y me diga de pronto si he pasado o no.

Cuando hubieron pasado tres semanas sin que se conociera la lista, Ana comenzó a sentir que ya no podría resistir mucho más la tensión. Su apetito se extinguió y desapareció su interés por los acontecimientos de Avonlea. La señora Lynde quería saber qué otra cosa se podía esperar con un secretario “conservador” a cargo de la educación, y Matthew, notando la palidez e indiferencia de Ana y los lentos pasos con que salía cada tarde del correo, comenzó a pensar seriamente si debería votar a los liberales en las próximas elecciones.


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