Ana de las Tejas Verdes

Un rico industrial de Nueva Burnswick había muerto y legado parte de su fortuna para becas, que debían distribuirse entre las escuelas secundarias y las academias de las provincias costeras, de acuerdo a su respectiva importancia. Se dudó de si se le otorgaría una a la Academia de la Reina, pero el asunto se arregló al fin y, al terminar el año, el graduado que tuviera las mejores calificaciones en inglés y literatura inglesa ganaría la beca: doscientos cincuenta dólares por año durante cuatro años en el colegio de Redmond. ¡No era de extrañar que aquella noche fuera Ana a acostarse con las mejillas encendidas!.

- Ganaré la beca, si lo que hace falta es trabajar duro – resolvió –. ¿No se enorgullecerá Matthew si llego a graduarme en Filosofía y Letras? ¡Oh, es delicioso tener ambiciones!

¡Estoy tan contenta de tener tantas! Y nunca parecen llegar a su fin; eso es lo mejor.

Tan pronto se obtiene una, se ve otra brillando más alto. ¡Hacen que la vida sea tan interesante!.

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

El invierno en la Academia de la Reina

La nostalgia de Ana fue disipándose, en su mayor parte gracias a las visitas que hacía a

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