Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes La señorita Barry, que estaba sentada tras ellos, se inclinó hacia delante y tocó a Marilla en la espalda con su parasol.
- ¿No están orgullosos de Ana? Yo sí – dijo.
Ana regresó a Avonlea aquella tarde con Matthew y Marilla. No había estado allí desde abril y sentía que no podía esperar un día más. Los capullos de manzano estaban rompiendo y el mundo era fresco y joven. Diana la esperaba en “Tejas Verdes”. Marilla había plantado un rosal en flor en el alféizar; Ana miró en torno y suspiró profundamente.
- ¡Oh, Diana, es maravilloso estar de regreso! ¡Es tan hermoso ver los pinos destacándose contra el rosado cielo y el huerto blanco y la Reina de las Nieves! ¿No es delicioso el aroma de la menta? Y la rosa... es un canto, una esperanza y una plegaria a un tiempo.
¡Y estoy muy contenta de volver a verte, Diana!.
- Pensé que querías a esa Stella Maynard más que a mí – dijo Diana en tono de reproche –.
Josie Pye me dijo que sí. Hasta afirmó que estabas infautada con ella.
Ana rió y golpeó a Diana con los marchitos narcisos de su ramo.