Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Al desayunar, la mañana siguiente, Ana se sobresaltó al comprobar que Matthew no tenÃa buen aspecto. Sus cabellos estaban mucho más grises que el año anterior.
- Marilla – dijo excitada cuando se hubo ido –, ¿Matthew no está bien?.
- No – dijo Marilla con tono preocupado –. Ha tenido algunos ataques al corazón esta primavera y no se preocupa mucho. He temido por él, pero últimamente ha mejorado bastante y tenemos un buen jornalero, de manera que espero que se recoja de una vez y descanse. Quizá lo haga ahora que has vuelto. Siempre le alegras.
Ana se inclinó sobre la mesa y tomó la cara de Marilla entre sus manos.
- Usted no tiene tan buen aspecto como yo deseo, Marilla. Parece cansada. Creo que ha trabajado demasiado. Debe descansar ahora que he vuelto. Voy a tomarme un dÃa libre para recorrer los antiguos lugares y revivir viejos sueños, y luego será su turno de haraganear mientras yo trabajo.
Marilla sonrió afectuosa a su muchacha.
- No es el trabajo; es mi cabeza. Me duele a menudo. El doctor Spencer me ha dicho que tengo que usar gafas, pero no me hacen nada bien. A fin de junio vendrá a la isla un distinguido oculista y el médico dice que debo verle. Creo que lo haré. No puedo ni leer ni coser ahora con comodidad. Bueno, Ana, te has portado muy bien en la Academia.