Ana de las Tejas Verdes

Ana la miró con repentino interés.

- Oh, Marilla... ¿Y qué pasó...? ¿Por qué no...?.

- Tuvimos una disputa. No lo perdoné cuando me lo rogó. Tenía intención de hacerlo, después de un tiempo; pero estaba malhumorada y enfadada y quería castigarlo primero.

Él nunca regresó; los Blythe son muy orgullosos. Pero siempre me sentí... algo triste.

Pensaba que me hubiera gustado haberle perdonado cuando tuve la oportunidad de hacerlo.

- De manera que también ha habido algo de romance en su vida – dijo Ana suavemente.

- Sí, supongo que puedes llamarlo así. No lo hubieras pensado al verme, ¿no es cierto?

Pero nunca debes comentarlo con gentes de fuera. Todos han olvidado lo que hubo entre John y yo. Y yo también. Pero lo recordé cuando vi a Gilbert el domingo pasado.

CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

El recodo del camino

Marilla fue a la ciudad al día siguiente, regresando al atardecer. Ana había ido a “La Cuesta del Huerto” y regresó para encontrar a Marilla en la cocina, sentada frente a la mesa, con la cabeza apoyada en la mano. Nunca había visto a Marilla tan quieta.

- ¿Está muy cansada, Marilla?.

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